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Las primeras claudicaciones de las personas mayores

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Cuando hablamos de las primeras claudicaciones en la vejez, hace referencia al entorno familiar de personas mayores y a ellas mismo.

El término claudicar’ significa abandonarse, aislarse, ceder, limitarse, rendirse o renunciar, en el ámbito físico como emocional, a una presión, una situación concreta o algún tipo de limitación.

Pero cuando lo hacemos de las primeras claudicaciones, esas que se inician con cosas sencillas, aunque importantes, estamos hablando de aspectos que se dan mucho antes de lo que esperábamos.

Antes incluso de llegar a un estado de dependencia.

¿Qué entiende la sociedad por persona mayor?

Una persona de 65 o 90 años puede ser considerada mayor por su edad.  Existe un gran rango de diferencia de edades en la denominación de ‘persona mayor’.

Por eso, debemos tener presente que las primeras claudicaciones suelen hacer aparición cuando comenzamos a hacernos mayores y no en la ancianidad.

Claudicar no es otra cosa que dejarse ir, rendirse a los imponderables que suceden con el paso de los años. Por enfermedad, cansancio, dolor, deterioro físico y/o psíquico, malestar, y demás factores.

Cuando existe falta de motivación por esforzarse es porque se piensa negativamente sobre el futuro y que no existe recompensa por intentar no claudicar.

La claudicación en la familia se da cuando se es incapaz de dar una asistencia adecuada a las demandas del dependiente.

En personas mayores dependientes, el concepto de claudicación se entendería como la reducción de la actividad física, psicológica y/o social en estos individuos, producida por factores de carácter físico y/o emocional.

Primeras claudicaciones: momento cuando dejamos de hacer ciertas actividades

Las primeras claudicaciones normalmente aparecen antes de la vejez. Aún no nos consideramos «viejos» pero ya hemos empezado, sin darnos cuenta, a dejar de lado ciertas actividades.

Se habla más de claudicaciones por causas físicas (vista, oido, movilidad, accesibilidad, patologías…) pero no lo suficiente sobre las derivadas del ámbito psicológico y emocional. Los miedos, traumas, experiencias y vivencias negativas, patologías… y estas últimas son muchas.

¿Nos consideramos «viejos» cuando somos conscientes de este hecho? ¿Nos sentimos finalmente mayores cuando tras muchas claudicaciones ya no podemos disimular más y somos conscientes de que necesitamos ayuda?

Lo importante es saber reconocer esas primeras señales de claudicación, compartirlas y aprender a pedir asistencia cuando lo necesitemos sin dejar pasar el tiempo.

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